domingo, 19 de junio de 2016

NI PERROS NI GATOS

LA CIUDAD EN LA QUE NO HABÍA
 NI  PERROS NI GATOS
La ciudad en la que no había perros ni gatos Había una vez una ciudad en la que vivían miles de perros y gatos. Había tantos tantos que triplicaban a la población de personas de la ciudad. A la gente no le gustaba mucho que hubiera tantos animales, porque hacían mucho ruido y tenían la ciudad muy sucia.

Un día, de repente, de la ciudad desaparecieron todos los perros y los gatos. Nadie sabía qué había pasado, pero como la gente se sintió aliviada nadie investigó qué había pasado. A los pocos días, en la ciudad empezaron a suceder extraños acontecimientos. Aumentaron los robos, los ataques de animales salvajes que venían de las montañas cercanas y poco a poco las ratas empezaron a invadir las calles, los bajos de los edificios y las alcantarillas.

Cuando todo parecía perdido llegó a la ciudad una mujer con un perro y un gato. Estaba de paso y pidió alojamiento en un hotel. Aunque le avisaron de que podía encontrar ratas y que el lugar no era seguro, ella decidió quedarse de todas formas.

- ¡Mi perro y mi gato cuidan de mí, no se preocupe! -dijo la señora.

En los días siguientes, el perro y el gato se dedicaron a limpiar de ratas el edificio y ahuyentar a ladrones y a alimañas. ¡Se lo pasaron en grande esos dos!
Mientras tanto al alcalde de la ciudad le llegaron noticias de lo que estaban haciendo estos animales.

- ¡Claro! ¡Eso es! ¡Esto no pasaba cuando la ciudad estaba llena de perros y gatos!- concluyó el alcalde.

El alcalde fue a ver a la señora y le ofreció una gran suma de dinero por sus animales.

- Los trataremos bien. Su trabajo será hacer lo mismo que han hecho en este hotel, pero en toda la ciudad -explicó el alcalde.

La señora, extrañada, preguntó por qué no tenían perros y gatos en la ciudad, si tanta falta les hacían.

- Un día, sin más, desaparecieron -dijo el alcalde.
- Pero ¿y no saben por qué? -preguntó la señora.
- Admito que no les tratábamos del todo bien y que no valorábamos su trabajo... -dijo el alcalde-. Seguramente se fueron buscando un sitio donde pudieran vivir tranquilos.
- ¿Y sabiendo eso quiere que yo deje a mis amigos con usted? -gritó la señora.

El alcalde no sabía qué hacer. La señora tenía razón, pero las cosas habían cambiado y ahora sabían que necesitaban a esos animales.

- Tengo una idea mejor -dijo la señora-. La ciudad es muy grande para que solo dos animales la limpien. Consiga un lugar para cobijar más animales y le traeré más perros y gatos para que protejan la ciudad.

Al alcalde le pareció buena idea y así lo hizo.

La ciudad en la que no había perros ni gatosUnos días más tarde, el viejo polideportivo arrasado por maleantes y bestias se convirtió en un gran refugio para perros y gatos. La señora llegó con varios cientos de animales que la seguían y se acomodaron en sus nuevas instalaciones. Decenas de voluntarios se organizaron para atender a los animales.

La gente les llevaba comida y muchos animales fueron adoptados por familias que se comprometieron a tratarlos bien.

En pocas semanas, la ciudad se libró de ladrones y seres indeseables que estaban destrozando todo lo que quedaba.

La ciudad recuperó su esplendor y como los animales estaban bien tratados y cuidados en sus nuevas instalaciones y había gente que se ocupaba de ellos, el lugar se convirtió en un auténtico paraíso para todos.

- Ya os dije que os recibirían como a héroes -dijo la señora a los animales-. Solo tenían que descubrir cuánto os necesitaban.

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