jueves, 16 de noviembre de 2017

LAS CIUDADES




LAS CIUDADES SON LOCALIDADES 
MUY GRANDES DONDE VIVEN
 MUCHAS PERSONAS.
SUS CASAS SON ALTAS 
Y SUS CALLES SON LARGAS 
Y ANCHAS.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

LOS PUEBLOS




LOS PUEBLOS SON MÁS PEQUEÑOS
 QUE LAS CIUDADES.
LAS CASAS SON BAJAS Y 
LAS CALLES SON CORTAS Y ESTRECHAS.
ALREDEDOR DE LOS PUEBLOS 
SUELE HABER BOSQUES Y CAMPOS.
¿SABES DIFERENCIAR 
UN PUEBLO DE UNA CIUDAD?

TALLER DE CINE

 EL PRÓXIMO VIERNES VAMOS 
A TENER
EN CLASE UNA ACTIVIDAD
 MUY DIVERTIDA:
"TALLER DE CINE".
Y VAMOS A ELABORAR 
UN "FLIPBOOK"

lunes, 13 de noviembre de 2017

LETRA "R"



PRACTICA LA LETRA "R" SUAVE 
Y FUERTE.

LETRA "RR"

PRACTICA LA  R DOBLE "RR".

DEL 10 AL 20




LOS NÚMEROS DEL 10 AL 20
 NO SON TAN DIFÍCILES.
¡NO TE PIERDAS ESTAS ACTIVIDADES!

CANCIÓN C.S. UNIDAD 2

YA PUEDES CANTAR Y BAILAR EN
 CASA LA NUEVA CANCIÓN
 DE CIENCIAS SOCIALES.

ARTURO Y CLEMENTINA

¡NO TE PIERDAS ESTE CUENTO,
QUE HEMOS TRABAJADO EN CLASE!

ARTURO Y CLEMENTINA






 








Un hermoso día de primavera, Arturo y Clementina, dos jóvenes y hermosas tortugas, se conocieron al borde de un estanque. Y aquella misma tarde descubrieron que estaban enamorados.


Clementina, alegre y despreocupada, hacía muchos proyectos para su vida futura mientras paseaban los dos a orillas del estanque y pescaban alguna cosita para la cena.


Clementina decía: Ya verás qué felices seremos. Viajaremos y descubriremos otros lagos y otras tortugas diferentes, y encontraremos otra clase de peces, y otras plantas y flores en la orilla... ¡Será una vida estupenda! Iremos incluso al extranjero. ¿Sabes una cosa? Siempre he querido visitar Venecia.


Y Arturo sonreía y decía vagamente que sí.



Pero los días transcurrieron iguales al borde del estanque. Arturo había decidido pescar él solo para los dos, y así Clementina podría descansar. Llegaba a la hora de comer, con renacuajos y caracoles, y le preguntaba a Clementina: ¿Cómo estás, cariño? ¿Lo has pasado bien?




Y Clementina suspiraba: ¡Me he aburrido mucho! ¡Todo el día esperándote!


¡ABURRIDO! -gritaba Arturo indignado. ¿Dices que te has aburrido? Busca algo que hacer. El mundo esta lleno de ocupaciones interesantes. ¡Sólo se aburren los tontos!


A Clementina le daba mucha vergüenza ser tonta, y hubiera querido no aburrirse tanto, pero no podía evitarlo.


Un día, cuando volvió Arturo, Clementina le dijo: Me gustaría tener una flauta. Aprendería a tocarla, inventaría canciones, y eso me entretendría.


Pero a Arturo esa idea le pareció absurda: ¡TÚ! ¿Tocar la flauta, tú? ¡Si ni siquiera distingues las notas! Eres incapaz de aprender. No tienes oído.


Y aquella misma noche, Arturo llegó con un hermoso tocadiscos, y lo ató bien a la casa de Clementina, mientras le decía: Así no lo perderás. ¡Eres tan distraída!

Clementina le dio las gracias. Pero aquella noche, antes de dormirse, estuvo pensando por qué tenía que llevar a cuestas aquel tocadiscos tan pesado en lugar de una flauta liviana, y si era verdad que no hubiera llegado a aprender las notas y que era distraída.

Pero después, avergonzada, decidió que tenía que ser así, puesto que Arturo, tan inteligente, lo decía. Suspiró resignada y se durmió.


Durante unos días, Clementina escuchó el tocadiscos. Después se cansó. Era de todos modos un objeto bonito, y Clementina se entretuvo limpiándolo y sacándole brillo. Pero al poco tiempo volvió a aburrirse. Y un atardecer, mientras contemplaban las estrellas, a orillas del estanque silencioso, Clementina dijo: Sabes, Arturo, algunas veces veo unas flores tan bonitas y de colores tan extraños, que me dan ganas de llorar. Me gustaría tener una caja de acuarelas y poder pintarlas.


¡Qué idea ridícula! ¿Es que te crees una artista? ¡Qué bobada! Y reía, reía, reía.

Clementina pensó: Vaya, ya he vuelto a decir una tontería. Tendré que andar con mucho cuidado o Arturo va a cansarse de tener una mujer tan boba. Y se esforzó en hablar lo menos posible.


Arturo se dio cuenta enseguida y afirmó: Tengo una compañera aburrida de veras. No habla nunca y, cuando habla, no dice más que disparates.


Pero debió sentirse un poco culpable y, a los pocos días, se presentó con un paquetón. Mira, he encontrado a un amigo mío pintor y le he comprado un cuadro para ti. Estarás contenta, ¿no? Decías que el arte te interesa. Pues ahí lo tienes. Átatelo bien porque, con lo distraída que tú eres, ya veo que acabarás por perderlo.


La carga de Clementina aumentaba poco a poco. Un día se añadió un florero de Murano: ¿No decías que te gustaba Venecia? Tuyo es. Átalo bien para que no se te caiga, ¡eres tan descuidada!


Otro día llegó una colección de pipas austríacas dentro de una vitrina.

Después una enciclopedia, que hacía suspirar a Clementina. ¡Si por lo menos supiera leer!- pensaba.

Llegó el momento en que fue necesario añadir un segundo piso a la casa de Clementina.


Clementina, con la casa de dos pisos a sus espaldas, ya no podía ni moverse. Arturo le llevaba la comida y esto lo hacía sentirse importante: ¿Qué harías tú sin mí? ¡Claro! -suspiraba Clementina-. ¿Qué haría yo sin ti?







Poco a poco, la casa de dos pisos quedó también completamente llena. Pero ya tenían la solución: tres pisos más se añadieron ahora a la casa de Clementina.


Hacía mucho tiempo que la casa de Clementina se había convertido en un rascacielos, cuando una mañana de primavera decidió que aquella vida no podía seguir por más tiempo.





Salió sigilosamente de su casa y dio un paseo: fue muy hermoso, pero muy corto. Arturo volvía a casa para el almuerzo, y debía encontrarla esperándole. Como siempre.


Pero poco a poco el paseíto se convirtió en una costumbre y Clementina se sentía cada vez más satisfecha de su nueva vida. Arturo no sabía nada, pero sospechaba que ocurría algo: ¿De que demonios te ríes? Pareces tonta -le decía.


Pero Clementina, esta vez, no se preocupó en absoluto. Ahora salía de casa en cuanto Arturo le daba la espalda. Y Arturo la encontraba cada vez más extraña, y encontraba la casa cada vez más desordenada, pero Clementina empezaba a ser verdaderamente feliz y los retos de Arturo ya no le importaban.


Y un día Arturo encontró la casa vacía.


Se enfadó muchísimo, no entendió nada y, años más tarde, seguía contándole a sus amigos: Realmente era una desagradecida esa tal Clementina. No le faltaba nada. ¡Veinticinco pisos tenía su casa, y todos llenos de tesoros!

Las tortugas viven muchísimos años, y es posible que Clementina siga viajando feliz por el mundo. Es posible que toque la flauta y haga hermosas acuarelas de plantas y flores.
Si encuentras una tortuga sin casa, intenta llamarla: ¡Clementina, Clementina!Y si te contesta, seguro que es ella.



 

 


AHORA PUEDES VER EL CUENTO...

viernes, 10 de noviembre de 2017

FELIZ FINDE


¡¡¡ABRE NUESTRA BIBLIOTECA!!!

BOOKY,
 EL RATONCITO LECTOR 
DE NUESTRO COLE, 
YA HA ABIERTO LA BIBLIOTECA
 PARA ESTE CURSO 2017-2018.
TODOS LOS NIÑOS Y NIÑAS 
 PUEDEN IR A LA BIBLIO 
DURANTE LOS RECREOS
PARA LEER,  COGER PRESTADOS SUS LIBROS O JUGAR.
A NOSOTROS, LOS NIÑOS Y NIÑAS 
DE PRIMERO, 
NOS TOCA LOS LUNES PARA LEER Y LOS VIERNES  PARA JUGAR.
ESTE RATONCITO NOS ESPERA POR SU CASA MUY A MENUDO.
¡¡¡NO FALTÉIS A LA BIBLIO 
CADA LUNES Y ALGUNOS VIERNES!!!
MÁS INFORMACIÓN ...
BIBLIOTEQUER@S DEL SOR ÁNGELA 

LETRA "G"


 
 

PRACTICA
 LA LETRA"G"
 LA G

jueves, 9 de noviembre de 2017

EL HUERTO DEL COLEGIO

SI QUIERES CONOCER QUÉ 
SE ESTÁ SEMBRANDO
EN EL HUERTO DEL COLEGIO,
 PINCHA ABAJO...

RATÓN DE CAMPO Y RATÓN DE CIUDAD

¡NO TE PIERDAS EL NUEVO 
CUENTO DE LENGUA!
Ratón de campo y de ciudad on Vimeo

RATÓN DE CAMPO Y RATÓN DE CIUDAD

Ratón de campo y ratón de ciudad

Erase que se era un ratoncito campesino cuyos días transcurrían siempre igual. Se levantaba con el sol y se acostaba al atardecer. No comía muy bien, vestía regular, apañando lo que bien podía, pero tampoco puede decirse que viviera mal.
Y así estaban sus días, un tanto monótonos hasta que una mañana, al abrir su buzón, encontró una carta. Con sólo verla, el ratoncito de campo ya se emocionó. Puede que fuera la primera carte que recibía en su vida, a juzgar por el temblor de sus dedos mientras rompía el sobre. Antes de leer la misiva, buscó la firma. Decía "Cosme" con un montón de garabatos debajo del nombre.
-¡El primo Cosme se acuerda al fin de mí! -exclamó. Y se sintió muy confortado de que alguien se acordase de él.
El primo Cosme hacía algunas semanas que, aburrido de la vida monótona del campo, se había ido a  vivir a la ciudad. Le decía que vivía muy bien y había encontrado una casa ideal.
A los dos días, le llegó una segunda carta y en un par de semanas tres más. Hablaba y hablaba de las maravillas de la ciudad.
Le contaba de una cosa llamada tren que por lo visto corría mucho y donde podía uno ir a lugares lejanos como un señorón y de otras cosas realmente sorprendentes. De lujos y comodidades....
Tanto se le calentaron los cascos al campesino que decidió marcharse él también a vivir a lugar tan ideal.
Despues de todo, Cosme estaba deseando y así se lo hacía saber.
Ni corto ni perezoso, Rufo, que así se llamaba nuestro ratoncito, recogió sus ropas, hizo con ellas un hatillo, lo colgó de su cayado, para mayor comodidad durante el viaje y allá que se fué, vestido con su mejor traje. El se veía como todo un señorón, aunque en realidad se le viera bastante el pelo de la aldea. Se había lavado la cara a conciencia y tenía otro olor.
¡Uf..! ¡Qué lejos estaba la ciudad! El pobre Rufo jamás hubiera creído, de no verlo, que el mundo fuera tan grande. ¡Qué inmensidad!  ¡La de campos y caminos que hubo de atravesar...! Al fin, con ampollas en las plantas de los pies, llegó.
¡Qué impresionante era la ciudad! ¡Qué bonita! Aunque la verdad, daba un poco de miedo, con aquellas casas tan altas que no parecía sino que se le fueran a venir a uno encima. Y luego, que en realidad, resultaba extraña con sus mil ruidos tan estremecedores que los oídos le iban a estallar.
O al menos, así se lo parecía. Pues ¿y aquellos monstruos veloces que en nada se parecían a los chirriantes carros de su pueblo?
-¡Que locura! -se decía-. ¡Que locura!. Pero tendré que acostrumbrarme porque Cosme asegura que esto es lo mejos, que esto es vivir.
En aquel momento, un mastedonte de ruedas....¡Oh!. Había estado a punto de ser aplastado por un artefacto de cuatro ruedas y del susto se quedó blanco y sin habla.
¡Pues sí que lo que estaba viendo tenía mucho parecido con lo que Cosme le contaba en sus cartas!
Mareado, sudoroso, tuvo que buscar asiento allá donde pudo y librarse por un rato del hatillo....
Se limpió el abundante sudor que le caía por la frente y cuando se levantó, aunque aturdido por el ruido, había recuperado unas pocas de energías. Y le faltaba todavía encontrar la casa donde vivía su primo Cosme. Menos mal que le había enviado un plano muy detallado del lugar donde se encontraba y con explicaciones para poder llegar hasta allí.
Por cierto, que, una ver junto a Cosme, en su hogar lleno de maravillas y comodidades, podría descansar a placer. Pero, ¿cómo sabría su primo que ya estaba allí? Empezó a estudiar aquella puerta y, como viera una gran anilla, tiró con todas sus fuerzas.  ¡Pobrecillo! Se encontró colgado de ella, por los aires y con un zumbido en la cabeza que casi se la hizo estallar. Pero la puerta se abrió y una señora dijo:
-¡Que raro! No veo a nadie... Algún gracioso con ganas de molestar...
Naturalmente, no había mirado hacia abajo. Por cierto, como Cosme debía de haber estado al acecho, puesto que le aguardaba, tiró de Rufo haciéndose pasar por una blanda alfombra donde a éste se le hundian las patitas.
Tanta blandura le inquietó.
Cosme susurró para el pobre paleto, con ánimo de cofortarle, porque su cara era todo  un poema:
-¡No pongas esa cara hombre, que lo bueno viene ahora ya verás!
Rufo ya no estaba seguro de nada. Al mirar en torno y ver tanto lujo, se animó, ya que Cosme, después de todo, sabía más que él. Sabía tanto....
-Ya hemos llegado a mis tranquilos dominios -anunció éste, mirando a su primo para ver la cara que ponía ante tanta maravilla.
Rufo estaba turulando ante aquel esplendor.
En cuanto a su primo, daba gusto verle, tan atilado y peripuesto que parecía un caballero de postín. ¡Ver para creer! Mientras estuvo en el pueblo siempre vistió de harapos y jamás supo de qué color tenía la cara porque nunca se la lavó.
A la vista de los exquisitos manjares, gritó:
-¡Corcholis! ¿Qué es todo esto? ¡Que banquete!
-¿No te lo decía yo? ¡Esto es vida, primo!
-Oye, ¿qué es eso del Roquefort que tanto alababas en tus cartas?
-¡Ahora mismo sabrás lo que es el Roquefort! -Y le ayudó a trepar por el palo de la escoba, para encaramarse sobre la mesa. Ya bien acomodados, llegó el hartazgo.
El pobre Rufo hablaba con la boca llena; no se le ocurría dejar de darle a las mandíbulas.
De pronto, lo que estaba comiendo se le atascó en la garganta.
Había entrado la cocinera y, como mirase intrigada en todas direcciónes, los dos tragones echaron a correr desatinados en busca de refugio. Lo malo era lo mucho que la panza pesaba luego del fenomenal atracón.
La mujer empezó a rezongar, mientras se apoderaba de una escoba y daba golpes con ella a diestro y siniestro:
-¡Malditos ratones! No voy a dejar ni uno....
Por suerte para los ratoncillos, la cocinera era medio cegata y todo hay que decirlo, daba golpes de ciego. 
Cosme llevaba muy bien el ataque, sorteando la escoba pero el pobre Rufo se veía muerto a cada instante. No tenía costumbre de estas guerras. Menos mal que su primo Cosme se estaba portando muy bien, llevándole de la mano, aunque a trompicones y salvándolo de los mortales escobazos de la cocinera. Al mismo tiempo, le animaba mucho.
-¡Esto no es nada! -le aseguró-. ¡Ya verás!
¿Nada? Se asombraba Rufo. ¿A qué le llamaría su primo nada? Y, a qué le llamaría Algo?
En fín, que el ratoncito campesino no auguraba nada bueno para su pobre corazón, que, de susto en susto, le iba con el ruido de las viejas locomotoras.
Tras unos cuantos escobazos más en los lugares más insospechados, la cocinera devolvió el arma a su lugar de descanso. Luego se fue y así renació la calma, especialmente cuando el corazón de Rufo dejó de golpetearle el pecho. Y además, siempre atento y confortador, Cosme le explicaba:
-Esto no tiene importancia, ya lo verás. Pero, ¿Por qué tienes tan mala cara?
-No estoy hecho para guerras ni regateos de fulbolistas; no el lo mío primo.
-¡Te acostumbrarás, chico y hasta encontrarás natural y divertido darle en las narices a esa mujer, que no puede con nosotros! ¡Hala, levanta el ánimo!
-Ya..ya lo empujo para levantarlo -aseguró Rufo.
-Mira debes comprender que la aristocracia y el lujo, que ahora es lo nuestro, tienen sus pequeños inconvenientes, pero no es nada serio, como irás viendo.
-Sí, lo comprendo primo; eres muy amable realmente y no sé como darte las gracias por cuanto haces por la familia. En fin, puede que me acostumbre a los escobazos de esa mujer...
-¡Seguro! Y ahora, a proseguir con el banquetazo. ¡Somos los amos y a vivir como reyes!
¿Estaría en lo cierto el elegante ratoncito?
¡Pobre ilusos! El más feroz enemigo de los de su especie, el gato Satán de afiladas garras, temerosos dientes, mostachos terribles y finísimo olfato para descubrir la pista dejada por los ratones por su especial olorcillo, andaba siempre al acecho y tenía justa fama de ser uno de los mejores cazadores de toda la ciudad.
En la parte regia del atracón que se estaba dando la pareja de parientes, apareció Satán. ¡Adiós festejo!
Se escuchó en primer lugar un maullido estremecedor y Cosme, el valiente, el héroe, fue el primero en gritar, mientras trataba de escabullirse.
-¡Sálvese quien pueda! ¡Satán no tiene clemencia para nosotros!
Como locos, cada cual a su modo, empezaron a zigzaguear en un continuo ir y venir. Por suerte, Rufo divisó a Cosme entrando en un agujero y entendió dónde debía guarecerse y allá que fue. El agujero era muy estrecho y por él no entraba la zarpa peligrosísima del gato.
 
Pasado el peligro, Rufo hizo su hatillo y se despidió con estas palabras:
-Querido primo, dejo para ti los lujos, regalos y aristocracias de la ciudad...
-¿Qué esás diciendo, primo Rufo?
-Que me vuelvo a mi pueblo, esa tranquila aldea donde siempre fui feliz, conforme con mi humildad.

PUEDES VER LOS VIDEOS
 DE ESTE CUENTO... 

 Cuento: El ratón de campo y el ratón de ciudad - YouTube
http://www.youtube.com/watch?v=oxl-9OrSax8 
http://www.youtube.com/watch?v=o9exwR07amY

miércoles, 8 de noviembre de 2017

LOS ANIMALES VAN A LA ESCUELA


 VAMOS A CONOCER UN POCO
MEJOR A LOS PERSONAJES
DE ESTA BONITA POESÍA...

EL CONEJITO SOÑADOR 
Y LA  LIEBRE ELENA. 
El conejito soñador Había una vez un conejito soñador que vivía en una casita en medio del bosque, rodeado de libros y fantasía, pero no tenía amigos. Todos le habían dado de lado porque se pasaba el día contando historias imaginarias sobre hazañas caballerescas, aventuras submarinas y expediciones extraterrestres. Siempre estaba inventando aventuras como si las hubiera vivido de verdad, hasta que sus amigos se cansaron de escucharle y acabó quedándose solo.

Al principio el conejito se sintió muy triste y empezó a pensar que sus historias eran muy aburridas y por eso nadie las quería escuchar. Pero pese a eso continuó escribiendo.

Las historias del conejito eran increíbles y le permitían vivir todo tipo de aventuras. Se imaginaba vestido de caballero salvando a inocentes princesas o sintiendo el frío del mar sobre su traje de buzo mientras exploraba las profundidades del océano.

Se pasaba el día escribiendo historias y dibujando los lugares que imaginaba. De vez en cuando, salía al bosque a leer en voz alta, por si alguien estaba interesado en compartir sus relatos.

Un día, mientras el conejito soñador leía entusiasmado su último relato, apareció por allí una hermosa liebre que parecía perdida. Pero nuestro amigo estaba tan entregado a la interpretación de sus propios cuentos que ni se enteró de que alguien lo escuchaba. Cuando acabó, la liebre Elena le aplaudió con entusiasmo.

-Vaya, no sabía que tenía público- dijo el conejito soñador a la recién llegada -. ¿Te ha gustado mi historia?
-Ha sido muy emocionante -respondió ella-. ¿Sabes más historias?
-¡Claro!- dijo emocionado el conejito -. Yo mismo las escribo.
- ¿De verdad? ¿Y son todas tan apasionantes?
- ¿Tu crees que son apasionantes? Todo el mundo dice que son aburridísimas…
- Pues eso no es cierto, a mi me ha gustado mucho. Ojalá yo supiera saber escribir historias como la tuya para contárselas a mis alumnos y alumnas pero no se...

El conejito se dio cuenta de que la liebre Elena se había puesto de repente muy triste así que se acercó y, pasándole la patita por encima del hombro, le dijo con dulzura:
- Yo puedo enseñarte si quieres a escribirlas. 
Seguro que aprendes muy rápido
- ¿Sí? ¿Me lo dices en serio?
- ¡Claro que sí! ¡Hasta podríamos escribirlas juntos!
- ¡Genial! Estoy deseando explorar esos lugares, viajar a esos mundos y conocer a todos esos villanos y malandrines -dijo la liebre-

Los conejitos se hicieron muy amigos y compartieron juegos y escribieron cientos de libros que leyeron a niños de todos los colegios  el mundo.

Sus historias jamás contadas y peripecias se hicieron muy famosas y el conejito no volvió jamás a sentirse solo ni tampoco a dudar de sus historias.

LOS TRES CONEJITOS
Saltito a saltito
vienen tres conejitos,
de grandes orejas,
y cortos rabitos.
¡Ya van a la escuela!

Son tres conejitos
ágiles y graciosos,
saltan por el campo
tiesos y orgullosos.
¡Son muy estudiosos!

Tienen los conejitos
su pelo gris perla,
los ojos brillantes,
y miradas tiernas.
¡Les gusta la escuela!

Saltito a saltito
se van los conejitos,
saltito a saltito
se alejan de un brinco.
¡Se van al colegio!

EL CARACOL

Que no suba el caracol
ni al almendro, ni a la flor...
ni al rosal, ni a la maceta.

Que enseñe los cuernos,
que salga de casa,
que se estire al sol...

¡Qué caminitos de plata
va dejando el caracol
cuando sale de su casa

y a la escuela va!
caracol



LA ARDILLA SOLITARIA

 

Hace mucho tiempo,en un lejano lugar,había un oscuro castillo donde vivía una ardilla solitaria. A  la pobre ardilla nadie la quería  y estaba siempre sola.Nadie venia a jugar con ella.Un día,un mago bondadoso  que pasaba por aquellos lugares, oyó el llanto de la ardilla y utilizando  sus poderes mágicos,entró en el castillo oscuro. Allí se enteró del problema de la ardilla y decidió ayudarla.Se encerró durante 3 días en la torre del castillo, hasta que  encontró la solución : Una mágica canción que decía : ¡¡¡tra ,lara ,larita ,soy una ardillita que vivo sólita!!! ¡¡¡Si quieres ser mi amigo,ven a jugar conmigo!!!La ardilla subió a lo mas alto de la torre y con su mejor voz canto aquella canción mágica . A los pocos segundos, la ardilla sorprendida,observó como salían del  bosque cientos de animales dispuestos a jugar con ella. Hicieron una gran fiesta,desde aquel día, nuestra amiga ardilla nunca estuvo sola, incluso empezó a ir al colegio y aquí acaba este cuento con pan y pimiento.